|
Tras la derrota sufrida por los reyes tebanos de la XVI,
los hicsos de la XV ocuparon su territorio durante un periodo de tiempo
que se ha considerado hubo de ser muy breve. Pero bien por el abandono
al que se vieron obligados por la necesidad de hacer frente a las incursiones
hurritas que por entonces se llevaban a cabo por tierras de Canaán,
de una mayor importancia estratégica para ellos, bien por su posible
expulsión, con su salida de Tebas se inicia una nueva dinastía
faraónica: la XVII dinastía egipcia.
 |
Reconstrucción ideal
de la ciudad de Tebas.
L'Égypte Restituée
S. Aufrère, J.Cl. Golvin y J.Cl. Goyon. |
Efectivamente se desconocen los motivos de su salida,
y de las razones por las cuales se retiran, no ya de esos territorios
del Alto Egipto que pertenecían a aquél reino tebano, sino
también, de una gran parte del Medio. De tal manera que ese repliegue
les lleva a abandonar todo territorio al S. de la ciudad de Hermópolis
Parva (actual el-Ashmunein), o quizás Cusae (actual el-Qusiya),
conduciendo por lo tanto a que los tebanos se hicieran de nuevo con el
control de su área geográfica, pero también y por
la desaparición en manos hicsas de los dinastas de Abido (Dinastía
de Abido), de la franja territorial que aquéllos habían
administrado. El resto entre el límite abidense y la ciudad de
Hermópolis (o Cusae), parece fue mantenido por pequeños
príncipes locales fieles al poder hicso. Para los tebanos, su límite
N. quedó marcado en algún punto sin determinar de la región
abidense, y el S., no ya hasta la ciudad de Edfú como lo fue durante
la XVI, sino que se llegó a extender hasta la ciudad de Elefantina
aún más al sur.
Desgraciadamente, y al contrario de lo que sucede para
otras dinastías del II Periodo Intermedio, para las labores de
reconstrucción dinástica de esta, no es posible utilizar
el Papiro Real de Turín por cuanto la parte que es de prever los
citara no ha llegado a nuestros días, aunque sí y con más
o menos fortuna se ha logrado a partir de otros documentos o fuentes arqueológicas
de la época. Gracias a ellos sabemos que el fundador de la dinastía
fue el rey Sejemrauahjau-Rahotep, mencionado
en la Lista Real de Karnak, y en apenas varias estelas en las que se habla
de labores de reconstrucción en los templos de Osiris en Abido
y de Min en Coptos. Trás él, le sucedió un no menos
desconocido rey Sejemrashedtauy-Sebekemsaf (I),
quien continuó similares trabajos de reparación, y a juzgar
por las muchas evidencias posteriores, una práctica que continuarían
la totalidad de los reyes egipcios que les sucedieron y así paliar
en lo posible la destrucción y pillaje al que hubieron sometido
los hicsos a templos y necrópolis durante su ocupación.
 |
| Complejo del templo de Min
en Coptos |
Al efímero reinado de Sejemraupmaat-Intef,
y ante la carente descendencia de éste, le sucede el de su hermano
Nubjeperra-Intef*. Este rey nos es especialmente
conocido por uno de los "Decretos de Coptos", según el
cual sabemos que en el 3er. año de su reinado se cometió
un crimen en el templo de Min en Coptos, en el que además de sentenciar
al culpable (un alto funcionario civil y religioso local), algunos autores
han querido ver una posible existencia en la región de otros reyes
junto al tebano y con ello, la fragmentación del poder. Pero si
bien esa posibilidad no puede ser del todo descartable dadas las importantes
lagunas documentales de este II Periodo Intermedio, es bastante improbable
que fuera así por cuanto la frase, "En cuanto a todo rey
del Alto Egipto, en cuanto a todo jefe que se muestre compadecido hacia
él, no podrá recibir la corona blanca (del Alto Egipto),
ni ceñirá la corona roja (del Bajo)...", más
bien lo que pareciera querer dictar no era sino una ejemplar sentencia
ante un asesinato sin duda grave (aunque no se señala cual), convocando
de manera simbólica, a la vez que solemne, a la mas altas jerarquías
del "Alto y Bajo Egipto" para que su sentencia fuera ejecutada.
Una razón para pensar que eso fuera así, está en
el hecho de que el rey tebano y en ese supuesto, no hubiera podido tener
potestad alguna en el Bajo Egipto por cuanto era territorio hicso y escapaba
a su dictamen, sino muy al contrario, era él (y todos los reyes
tebanos que le siguieron hasta bien entrada la dinastía) quien
debía someterse a la autoridad del poder hicso de Avaris.
A este rey tebano le sucedieron un grupo de reyes de
los que apenas se sabe continuaron la práctica constructiva de
sus antecesores, así como de diversas expediciones al Desierto
Oriental, todo ello en un clima de paz con sus dominantes vecinos hasta
que en el reinado de Sequenenra-Taa* (Qen),
"El Bravo", parecen observarse los primeros síntomas
de conflicto. Uno de ellos nos viene señalado en un documento de
la XIX dinastía conocido como "Papiro Sallier I", en
donde el rey hicso Aauserra-Ipepi
le hace saber al "Príncipe de la Ciudad del Sur",
Sequenenra-Taa* (Qen), de las molestias que le originaban los bramidos
de los hipopótamos que al parecer el tebano mantenía en
un estanque de la capital, seguramente para el arponeo ritual al que se
veían sometidos tales plantígrados.
Independientemente de lo extraño de tal queja,
estando como estaba la residencia real hicsa a tan gran distancia de la
tebana, es probable que este documento no señalara sino el inicio
de unas desavenencias religiosas por ser precisamente ese animal una de
las representaciones de su deidad adoptada por excelencia, el dios Set.
Desgraciadamente no se ha conservado la parte final de ese documento,
y por lo tanto, el devenir de los hechos, pero el hallazgo de la momia
de Sequenenra-Taa* (Qen) con unas importantes
lesiones cerebrales seguramente producidas durante algún combate,
ha hecho pensar que tras ese relato se esconda un generalizado conflicto
del que este rey acabaría siendo su primera y más importante
víctima. Fue por quizás ese acontecimiento, el motivo por
el cual a su esposa, la reina Ahhotep (I), le tocara desempeñar
importantes funciones militares en aquéllos momentos, como así
queda demostrado al concedérsele el notable "Collar de las
Moscas", la más importante distinción militar egipcia.
 |
| Condecoración militar.
Cadena y moscas de oro procedentes del ajuar funerario de la reina
Ahhotep (I). Museo de El Cairo. CG 52671. |
Le sucedió el que fuera probablemente su hermano
Wadyejeperra-Kamose*,y según nos
señala la llamada "Tablilla Carnarvon I",
 |
| Segunda Estela de Kamose. Museo
de Luxor |
aún a pesar de la negativa de sus consejeros,
quiénes no deseaban el enfrentamiento con los hicsos, Wadyejeperra-Kamose*,
no satisfecho con compartir Egipto con kushitas e hicsos, además
de por los sangrantes impuestos a los que les sometían estos últimos,
decide desoirlos y continuar aquéllos combates en la búsqueda
de la definitiva expulsión asiática. Así, con su
ejército "medya" y una poderosa flota naval, se dirige
hacia el norte camino de la capital hicsa y ocupa los territorios de Bahariya,
Cinópolis, Gebelein, Neferusi y Per-Shak, por entonces defendidos
por pequeños ejércitos locales fieles al extranjero. Es
en ese contexto cuando según la "Segunda Estela de Kamose*",
un heraldo del rey Aauserra-Ipepi
que se dirigía al Reino de Kush, es interceptado en el Desierto
Occidental y conocidos los planes del hicso. Estos no eran sino conseguir
que su aliado el rey de Kush se sumase a la contienda y atacara a los
tebanos por el sur para así debilitar su posición norte:
"...! Ven hacia el norte !. No temas. Mira, él
esta aquí en mi poder. No hay nadie que se alze contra ti en este
Egipto. No voy a permitirle el paso hasta que tú hayas llegado.
Entonces nosotros nos repartiremos las ciudades de este Egipto y nuestras
dos tierras se alegrarán...". Pero ello no le detuvo
y continuó con su objetivo de alcanzar Avaris, aunque no lo consiguiera
a pesar de las informaciones que parecen desprenderse de su "Segunda
Estela", por cuanto en su 3er año de reinado éste desaparece
(es posible que muriese en algún combate), y hubiera de ser su
sucesor, Nebpehtyra-Ahmose*(I), quien en el año 11 de su reinado
ocupase su capital de manera definitiva tras vencer a las tropas de Hotepibra-Jamudy,
para posteriormente, y tras asaltar la fortaleza de Scharuhen en Palestina,
en donde se habían refugiado, perseguirlos hasta el río
Eúfrates. Posteriormente atacó el Reino de Kush, y colocó
al frente de la fortaleza de Buhen a un "Virrey de Kush" a quien
encargó velar por la seguridad de Egipto en el sur.
Con la expulsión hicsa por parte de los gobernantes
de esta breve dinastía, se ponía fin a la dominación
extranjera en Egipto. Un prolongado y convulso periodo histórico
tras el cual se generarían, aún más si cabe, los
profundos sentimientos patrióticos de los egipcios que acabaron
por desembocar en la formación del renovado estado egipcio de la
XVIII dinastía. El II Periodo Intermedio ha terminado; el Imperio
Nuevo comienza.
|