No se conoce con exactitud la verdadera naturaleza de
esta dinastía de también gobernantes extranjeros en Egipto,
y de las razones por las cuales Manetón en su disposición
dinástica la diferenciaba de su antecesora la XIV por cuanto ambas
y a juzgar por la onomástica de sus reyes, tuvieron similares orígenes
semíticos y por lo tanto, es de pensar, procedieron de similares
sociedades asiáticas. Pero una circunstancia si que nos ha permitido
aventurar que en un momento de debilidad política de los gobernantes
cananitas de la XIV, en la que se sucedieron unos muy breves reinados,
otro ú otros pueblos también cananitas, aunque en esta
ocasión
del N., aprovechándose de la situación se fueron asentando
en el Delta Oriental hasta conseguir una hegemonía política
y naciendo trás de sí la XV dinastía; la genuina
dinastía hicsa o mal llamada "de los Grandes Hicsos".
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Restos óseos hallados
por el Institut Für Ägyptologie de Viena
(Tell el-Daba) |
Se han barajado diversas hipótesis para explicar
lo sucedido con aquellos gobernantes de la XIV dinastía y de
las verdaderas razones por las cuales entraron en tan notorio declive,
pero
trabajos arqueológicos desarrollados por el profesor austriaco
Manfred Bietak en la ciudad de Avaris (actual Tell el-Daba), su capital,
en la que fueron hallados un buen número de enterramientos superficiales
y hasta apresurados, apuntan a que esta circunstancia bien pudo deberse
a una hambruna o epidemia que diezmó su población y de
la que si bien no hay texto alguno, si que se tiene noticia de una
importante escasez de alimentos en la época. Sea como fuere,
la XV dinastía acabó con el dominio de la XIV en el Delta
y como quiera que los gobernantes menfitas de la XIII, coetánea
de la XIV, atravesaban no menos problemas a juzgar por sus también
efímeros reinados, en un momento de su gobierno se dirigieron
hacia Menfis poniendo también fin a la XIII dinastía “egipcia”.
Tras la desaparición de las XIII y XIV dinastías,
el vacío de poder que con ello se originó y el seguramente
escaso interés mostrado por los nuevos reyes de la XV por aquellos
alejados territorios del Sur, nacieron dos nuevas dinastías:
una con sede en Abido que se ha dado en llamar “Dinastía
de Abido”
a falta de mención manetoniana y otra en Tebas conocida como la
XVI dinastía ó “1ª Dinastía Tebana”.
Alguna de ellas es probable que tuviera su origen
en los propios dinastas
menfitas, más no hay pruebas en tal dirección.
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Figurilla hicsa
Charles Edwin Wilbour Fund (44226) |
Con esa nueva situación quedaba marcado el limite
territorial sur de los hicsos. En cuanto a su flanco asiático,
si bien no hay evidencias, o al menos en menor medida que la existente
para sus antecesores de la XIV de que siguieran manteniendo sus antiguos
territorios cananitas, es de prever que desde Avaris, su capital, se
siguieran administrando. Las razones de tal falta sin duda cabría
verlas en la sistemática destrucción a la que fue sometida
su memoria por parte de los gobernantes de la XVIII en aquél
territorio.
Una de las principales señas de identidad de
sus gobernantes, y gracias a la cual es posible diferenciarla de su
antecesora,
es el uso que hicieron del epíteto "hk3-h3swt" (Jefes
de los Países Extranjeros) para preceder a sus nombres en el
lugar en el que en la titulatura real egipcia se señalaba el “prenomen”.
Así los cuatro primeros, de los seis reyes que componen ésta
dinastía, concretamente, Semqen,
Aperanati, Sakirhar
y Suserenra-Jyan* lo utilizaron en su nomenclatura,
y sólo a partir de Aauserra-Ipepi*,
su sucesor, quien por otro lado fue el primero en utilizar un nombre
genuinamente
nativo, pasaron tan sólo a utilizar el habitual modo egipcio.
Cabe señalar que en este término, o quizás en el
otro similar de "hk3-h3sww" (Jefes de Xois), seguramente
esté el origen de la palabra “hicso”
para referirse a estos pueblos que el historiador egipcio
Manetón recogió,
y hoy utilizada ampliamente para designar a estas dinastías extranjeras
en el Egipto del II Periodo Intermedio.
Mantuvieron el propio aparato gubernamental egipcio,
rindieron culto a Set en quien reconocieron probablemente a su dios principal,
Baal, el dios de la tempestad, del cielo y del sol, y continuaron con
la importante labor comercial de sus antecesores con los pueblos del Mediterráneo
Oriental, ampliándolo a Chipre y quizás, a Creta. Con Nubia
parece disminuyó aunque no así el contacto político
que mantuvo un alto nivel.
Entre los objetos que entraron en tal tráfico,
desgraciadamente se hallaban un buen número de restos artísticos
egipcios producto del saqueo al que los hicsos inflingieron a templos
y tumbas egipcias, y en especial en el área menfita. Así,
son notables los diferentes restos que se han ido hallando en territorios
tan dispares como Ugarit, Siria y posiblemente Kerma, productos sin duda
de tan doloroso comercio y con el que seguro se ha privado de importantes
documentos a los investigadores actuales.
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Puñal hicso de bronce
de 24.8 cm de largo
Kunsthistorisches Museum (A 1281) Viena.
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En cuanto a las relaciones que mantuvieron con sus vecinos
sureños, no hay mucha información, o al menos no para
los primeros reinados. No obstante se acepta que existió el
vasallaje por parte de los dinastas abidenses, así como de los
tebanos de la XVI y parte de la XVII hacia el rey hicso al cual hacían
llegar
sus impuestos. Fue tal el grado de aceptación, que hasta una hija
del rey hicso Aauserra-Ipepi*, se casó
con un miembro de la familia real tebana, mas por razones desconocidas
y seguramente como fruto del expansionismo del que hicieron gala, no
en
vano fueron los introductores en Egipto de una buen número de
artefactos militares, esa situación no tardó en cambiar.
En un momento sin determinar arrasaron la capital abidense y su significativa
necrópolis, para posteriormente
dirigirse hacia Tebas
y ocupar su ciudad. Pero por las razones que fueran los ejércitos
de Ipepi abandonaron el Sur, bien por
necesitar acudir al frente asiático en un momento en el que
podían
estar siendo atacados por hurritas e incluso pudiendo firmar un armisticio,
bien por haber sido expulsados. La cuestión es que ése
es el momento, o inmediatamente después, en el que nace la
XVII dinastía (2ª Dinastía Tebana) y nuevamente
vuelve a surgir ese centro de poder en Egipto, aunque sin duda,
sin dejar de mantener
la tensión con el sur mientras esperaban una situación
más
favorable. Un claro ejemplo de esa situación la tenemos en cierto
pasaje del
"Papiro Sallier I" en el que se narra como Ipepi
envía a Tebas un emisario para quejarse ante el rey tebano de
la XVII, Sequenenra-Taa (Qen)*,
de las molestias que le causaban los hipopótamos que este rey
tenía
en su estanque de palacio. Esta cita y aún a pesar de no saber
la respuesta del tebano, evidencia cierto vasallaje de Taa hacia
el rey hicso cuando éste se atreve a hacerle llegar tan extraña
queja estando como además estaba su palacio tan alejado del
Bajo Egipto.
Esa cita documental, que no deja de ser anecdótica,
con seguridad envuelve otro tipo de incidentes mayores,
pero bien si está o no basada en tan poco probables hechos reales,
la cuestión
es que bajo el reinado de Taa ya
se inició el conflicto generalizado con los hicsos y además
con bastante fortuna, pues conseguía expulsar el poder hicso
en el Alto Egipto y hacerse con el control hasta la ciudad de Hermópolis
en el Egipto Medio seguramente en manos de pequeños príncipes
vasallos. No obstante, no pudo terminar la empresa ya que probablemente
muriese en combate y hubo de ser su hijo Wadyejeperra-Kamose*
quien, a pesar de la negativa de su corte, continuase con tal cruzada
contra el hicso.
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| Planta de un edificio de época
hicsa en Tell el-Daba |
En esa circunstancia, y en el marco de las antes mencionadas
buenas relaciones entre hicsos y kushitas, resulta representativo citar
el hecho que tuvo lugar durante el reinado de este rey Kamose,
en el que un heraldo del rey hicso Aauserra-Ipepi*,
y en lo que parece una misión sin duda importante,
era interceptado camino de Kush portando un mensaje en el que
su
rey solicitaba ayuda al otro kushita para hacer frente común contra
los tebanos, hablándole de la recompensa que en caso de aceptarla
conseguiría:
“..., entonces nosotros (nos) repartiremos las ciudades de
este Egipto y nuestras dos tierras se alegrarán”. Mas
esa colaboración nunca llegó a producirse ya que Kamose
con una clara visión estratégica ya se hubo encargado de
reducir las tropas nubias y arrasar su reino, con además de las
suyas, otras mercenarias nubias "medya". Pero igual que le
sucediera a su padre, Kamose tampoco
pudo terminar la empresa ya que murió prematuramente (año
3 de su reinado) y hubo de ser su hermano Nebpehtyra-Ahmose*
(I) quien
la continuase. En esta ocasión ya definitivamente, pues tras duras
batallas en el Medio y Bajo Egipto, en el año 11 de su reinado,
Ahmose vencía a las tropas de, probablemente Hotepibra-Jamudy
en Avaris y tras su huída a la fortaleza de Scharuhen y posterior
victoria egipcia, los hicsos abandonaban Egipto. Con ello se ponía
punto final a la dominación extranjera en Egipto por mas de
200 años y nacía una nueva dinastía: la XVIII
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