1ª parte. Primer
Periodo Intermedio. Reyes de Tebas
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Tras la inestabilidad producida durante el Primer Periodo
Intermedio, a los reyes heracleopolitanos le surge en el área tebana
un fuerte rival que basado en principios feudales, pone en peligro su
régimen.
Según la Tabla de Karnak o “Sala de los Antepasados”
que mandó levantar Menjeperra-Thutmose (III) durante la XVIII dinastía,
el nomarca tebano Intef
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Maqueta de carpinteria hallada
en la tumba de Meketra
Museo de El Cairo (JE 46722) |
fue el primero de aquellos gobernantes que desde la pequeña
ciudad de Tebas (Uaset) y aún cuando rendía tributo
a los reyes de la IX dinastía, mantuvo una autonomía más
o menos aceptada para la región tebana.
En ése entorno es dónde le sucede Mentuhotep
(I), un personaje cuyo nombre “Montu está en Paz”
(Montu era un dios guerrero tebano) nos remite a la situación
de espera política que con seguridad le tocó vivir. Pero
esa situación no tardaría mucho tiempo en cambiar
y uno de sus sucesores, Uahanj-Intef (II),
en una clara muestra de confrontación con sus vecinos, se arroga
la titulatura real faraónica. Como resultado, Uahkara-Jety
se ve en la necesidad de entrar en combate con los gobernantes tebanos
ayudado por el nomarca de Asiut, Tefibi.
Uno de aquellos primeros incidentes vino marcado por
la sublevación de la ciudad de Tinis (al sur de Tebas) y su posterior
represión por parte de las fuerzas heracleopolitanas. Para los
gobernantes tebanos aquél acto significó el arranque de
sus disputas.
Esta ciudad acabo siendo asediada por las tropas de Intef
(II), y ocupada tras la derrota sufrida por las tropas leales
a Jety.
Con ella, el rey de Tebas se hizo con los territorios que hasta entonces
administraban los tinitas. Hablamos de la extensa franja territorial
comprendida
entre Ajmin y Elefantina. Pero algo sucedió para que ni él,
ni su sucesor el rey Intef (III) acabara
tal empresa, sino que hubo de esperar al rey Mentuhotep
(II) para proseguirla.
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Estatua de Nebhepetra-Mentuhotep
(II)
Metropolitan Museum of
Art de Nueva York (26.3.29) |
En el año 14 del gobierno del rey tebano, Nebhepetra-Mentuhotep
(II), las tropas heracleopolitanas de Tefibi, atacan la ciudad
de Abido (al norte de Tebas) y destruyen su necrópolis. Mentuhotep
(II) continuando la acción militar que había iniciado
su padre, el rey Intef (III), continúa
hacia el norte y toma Abido y cuantas ciudades halló a su paso.
Así
consigue las importantes plazas de Asiut y Hermópolis, y habiendo
conseguido ésta, nada le impide ya alcanzar la capital de las
fuerzas enemigas: Heracleópolis.
Tras acabar probablemente con el rey Nebkaura-Jety
y hacerse cargo del control del país, se produce en el Delta un
avance de algunas tribus asiáticas quienes al socaire de las
revueltas ven un momento propicio para ocupar tan ricos territorios.
Una vez sofocada
la incursión y lograda la estabilidad política de la zona,
Mentuhotep
se dedica a las tareas centralizadoras que tan largamente habían
ansiado él y sus antecesores. Establece la capitalidad de Tebas,
reduce las “nomarquías” y coloca al frente de su
aparato gubernamental a un visir. Asimismo y para un mayor control
de los territorios
más alejados de su influencia (Bajo Egipto), crea la figura del
“Gobernador del País del Norte”.
Mentuhotep
(II), inicia una importante actividad constructora, de tal manera
que prácticamente en todo el país levantó templos
religiosos (Abido, Ombos, el-Kab, Elefantina, Medamud, Armant, etc.),
así como su magnífico templo funerario en Deir el-Bahari
lo que constata el periodo de tranquilidad que había alcanzando
de nuevo el país. En el terreno exterior, restableció la
influencia egipcia en el Sinaí y Libia, así como dispuso
a lo largo del camino hacia Nubia de unas importantes edificaciones
militares
con el propósito de asegurar su flujo comercial. Su figura fue
posteriormente recordada y su gobierno señalado como trascendental
para el renacimiento de Egipto.
Su hijo Sanjkara-Mentuhotep
(III) se encontró con un país administrativamente
organizado, por lo que su tarea casi exclusivamente se vio enfocada
a terminar las
obras que su padre había iniciado, así como emprendió
otras nuevas. Mejoró las fortificaciones que aseguraban la comunicación
con Nubia y Sinaí, y envió una expedición de más
de 3000 hombres al “País de Punt”.
A su muerte le sucede su hijo Nebtauyra-Mentuhotep
(IV) en un momento en el que parece se dieron ciertos desórdenes
quizás producto del periodo de sequía al que Egipto
se veía
cíclicamente sometido y con ello de escasez de alimentos y/o también
por las reformas religiosas que pudo emprender. Sea como fuere, parece
que a su muerte (o quizás durante su gobierno), se sucedieron
graves incidentes en los que diversos gobernantes del Alto Egipto tales
como
Qakara-Intef,
Yibjenetra,
Segerseny,
Intefanjdyet
e incluso su visir Amenemhat, pretendieron el trono.
Lo ocurrido es una incógnita, en cualquier caso
le sucedió su visir Amenemhat
y con él, una nueva estirpe de reyes: nacía la XII dinastía.
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Cementerio de el-Tarif (área
tebana)
Lugar de enterramiento de
diversos reyes Intef |
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