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Estela denominada "De
la rebelión de Abido".
British Museum (1203). Londres |
Como consecuencia del fragmentado poder existente en
Egipto tras la debacle de la VI dinastía, se sucedieron una serie
de dinastías con más o menos autoridad sobre el país,
y tras las VII y VIII menfitas, con poder más simbólico
que real sobre su totalidad, uno de ésos gobiernos desde la
ciudad de Heracleópolis Magna (Neny-Nesu), se yergue
en heredero de aquélla vieja monarquía egipcia y funda
la IX dinastía
que nos señala Manetón.
Fueron años en dónde se siguieron manteniendo
en el poder pequeñas oligarquías en el sur (Alto Egipto),
muy alejadas de su autoridad, en dónde si bien éstas
disponían
de cierta autonomía, no dejaban de reconocer la autoridad de aquellos
gobiernos del norte a quienes les hacían llegar su reconocimiento
y tributos. y entre aquellos, el establecido en la ciudad de Tebas
(Uaset),
por aquél entonces una pequeña población ribereña.
Pero la naturaleza guerrera de aquellos gobernantes
tebanos obligó a que ésta bonanza durara por poco tiempo
y cuando, bien como consecuencia de un ataque que efectuaron las tropas
del príncipe
de Asiut (fiel al gobierno de Heracleópolis) a Abido, en el área
de influencia tebana, durante la cual destruyeron la ciudad y su necrópolis,
bien como consecuencia de la sublevación y posterior toma de
Tinis (al sur de Tebas) por parte de los heracleopolitanos, la autoproclamación
por parte de Uahanj-Intef
(II)
como Rey del Alto y Bajo Egipto fué un hecho y el conflicto entre
ambos no tardó en estallar. Las victorias de Intef
(II) sobre las tropas de Tefibi, príncipe de Asiut, hizo
que
éste tomara el control de la franja territorial existente entre
Ajmin (Ipu) y Elefantina (Abu) y que Heracleópolis perdiera la
autoridad sobre aquellos territorios. Con ésta nueva situación
nacía en Heracleópolis la X dinastía.
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Fragmento de las
"Instrucciónes a Merykara".
The Carsten Niebuhr Institute. Copenhague |
La situación política ocasionada tras la
pérdida de influencia de tales dominios dista mucho de sernos conocida,
en cualquier caso los enfrentamientos no dejaron de sucederse entre ambos
territorios.
Curiosamente, resulta obligado mencionar lo fecundo
que resultó aquél momento histórico para la literatura,
pues fue durante el mismo donde cabría ubicar, entre otras posibles,
a las “Instrucciones a Merykara”, un ejemplo literario
cuya finalidad es la de mostrar al rey una serie de comportamientos
que debiera mantener (en éste
caso el rey Merykara ¿Jety?), para
con los hechos que estaban teniendo lugar en el sur,
la forma de recuperlos, así como el modo de establecer contactos
con los asiáticos por entonces asentados en el Delta.
En las artes plásticas, y al igual que sucedió
durante todo el Primer Periodo Intermedio, la escasez de ideas estuvo
presente en todo
momento. Quizás y casi como única excepción,
sólo cabría señalar que el uso indiscriminado del
color en las pinturas murales funerarias de la época (tanto en el norte
como en el
sur), marcó la base para que los artistas del Imperio
Medio vieran otras posibilidades y de que por tal motivo fueran
a partir
de entonces mucho más ricas y variadas. En sintonía con
ésas distintas percepciones artísticas, cabe citar también
los ricos trabajos en madera que por entonces también se desarrollaron.
El final de ésta X dinastía (y del Primer
Periodo Intermedio), tiene lugar cuando el rey Nebhepetra-Mentuhotep
(II) de la XI dinastía tebana acabó, tras muchos años
de luchas de sus antecesores, con el poder de Heracleópolis y de
su rey Nebkaura-Jety. Mentuhotep
se hace llamar Horus Sematauy ("El que une los Dos Países")
en el año 14 de su reinado y con él da comienzo el Imperio
Medio.
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