Tras la desintegración del estado egipcio que tiene
lugar tras los reyes menfitas de la VIII dinastía y la fragmentación
que
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| Ruinas de Heracleópolis |
a ello conduce, se instala en Heracleópolis Magna (Neny-nesu)
un gobierno que, arqueológicamente hablando, es el heredero directo
de aquellos gobernantes de Menfis (Men-Nefer) ya desaparecidos:
la IX dinastía..
Son muy escasos los restos documentales que nos hablan
de aquellos hechos, pero al parecer, éstos bien pudieron producirse
cuando un nomarca heracleopolitano, Jety
(I),
derrocado el gobierno establecido en Menfis de Neferirkara
(II) (?), se autoproclama Rey del Alto y Bajo
Egipto.
De Jety (I), quien quizás
no fuera sino el Actoes que apuntó Manetón en su obra
(y si es así dedicado de forma cruel a gobernar el país),
apenas se tienen noticias. Escasamente algunos escarabeos. Lo mismo
se puede
decir de sus inmediatos sucesores, prácticamente todos con igual
“nomen” de Jety y de los que nos son conocidos casi exclusivamente
por su citas en el Papiro Real de Turín y otros muy fragmentados
y escasos restos. Sea como fuere y aún a pesar de las indudables
lagunas históricas existentes para éste periodo, recientes
trabajos apuntan a que una nueva dinastía tuvo lugar cuando
habiéndose
escindido algunos territorios del Alto Egipto del poder heracleopolitano,
su área de influencia se limitó al Bajo Egipto y la
región
comprendida entre ésta y la región de Asiut en el Egipto
Medio en dónde sus nomarcas les siguieron siendo fieles. Ese
es el momento en el que nace una nueva dinastía, la X, un periodo
histórico en el que si bien su poder sigue establecido en Heracleópolis,
su influencia se halla delimitada geográficamente.
Cabe señalar que hasta ahora, y por norma general,
habían permanecido unidas la IX y la X dinastía por
cuanto ambas tuvieron su origen en Heracleópolis, pero como
consecuencia de ésas investigaciones mantenidas (entre otros
por el profesor K.S.B. Ryholt), la tendencia actual es a diferenciarlas
tal y como hizo
el sacerdote egipcio Manetón.
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