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| Ramsés (I) rodeado de Anubis y Horus. Tumba KV16 del Valle de los Reyes |
La falta de descendencia de Dyeserjeperura-Horemhab* le
obligó, ya en los últimos años de su reinado,
a asociar al trono a un militar de sangre no real, Paramessu,
quien acabaría siendo su sucesor e iniciar una
nueva dinastía.
Pero a los 2 años
de ascender al trono, Ramsés* (I),
que así se hizo llamar el nuevo rey, desaparece, y es su hijo,
el que ya fuera militar y gobernador de la ciudad fronteriza de Tjaru,
el príncipe Sethy*, quien haciéndose
con el trono se vé
obligado a mantener la influencia egipcia en Asia ante los importantes
cambios geopolíticos
que se sucedían, especialmente producto de
la intervención
del poder hitita en los reinos de la zona. En tales circunstancias, Menmaatra-Sethy*
(I), ya en su primer año de reinado, envió a su
ejército a sofocar una rebelión del rey de
Hammath que acabó con
su captura y toma de la capital, así como las de Beth-Shean
y Yenoam, para en probablemente una segunda campaña alcanzar
Tiro, Sidón,
Biblos y Sumur, y parece entrar ya en combate
con algunas tropas hititas asentadas en la región desde tiempos
de
Ajenatón*. También,
y por la mención que de ella se hace en el Templo de Amón
en Karnak,
inició una campaña militar contra los pueblos libios que
prácticamente todos sus sucesores ramesidas habrían de
continuar. Pero sería en el año 5 ó 6 de su reinado
cuando, Menmaatra-Sethy*
(I), tuvo ocasión de entrar en directa confrontación con las
tropas hititas. Fue en la ciudad de
Qadesh, y a juzgar por una estela que se halló en el lugar,
la victoria se fue del lado egipcio aunque no tardase
en caer nuevamente en manos hititas tras lo que parece un tratado de
paz entre ambos pueblos.
En lo que al interior del país
se refiere, Menmaatra-Sethy*
(I),
reforzó
extraordinariamente el papel del ejército, sustento base para todo
el periodo ramesida, y preveendo la amenaza
que le podrían representar los sacerdotes de Amón
en Tebas, estableció una
política de dispersión de los hijos de éstos a
otros lugares de Egipto a la vez que potenciaba otros cultos.
Fue un gran
constructor.
Continuó la
política de restauración
de los templos dañados
durante el periodo amarniense, así como amplió el Templo
de Amón en Tebas,
e inició la construcción de un gran templo
dedicado a Osiris, aunque también a Amón, Isis, Horus,
Ra-Horajti y Ptah en Abido, conocido como "Osireión",
con el que pretendió la legitimización de la que carecía
inscribiéndose
como sucesor directo de los grandes reyes que le precedieron en
la llamada "Lista
Real de Abido" no sin antes eliminar todo
rastro de los "herejes" reyes amárnicos. A él
también
se le debe la reconstrucción y ampliación de la antigua capital
hicsa, Avaris, en el Delta Oriental, lugar en el que construiría
un palacio lo cual le aseguraría una más rápida intervención
en el área asiática que de hacerlo desde Menfis o Tebas.
Cuando en el año 27 muere Menmaatra-Sethy*
(I), y su cuerpo sepultado en su imponente tumba del Valle de los
Reyes, es su hijo de apenas 20 años quien le sucede
tras abandonar su puesto de jefe de la armada egipcia. En sus primeros
años
de gobierno la actividad de Usermaatra-Setepenra-Ramsés*
(II) se centró en proseguir la actividad constructora
de su padre. Así, fue durante esos primeros años cuando
se finalizó las obras que emprendiera su padre en el Osireión,
Gurna y Karnak.
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| Representación de
Sethy (I) en su campaña asiática. Templo de Amón
en Karnak |
Pero las circunstancias que se sucedían en Asia,
en dónde
su rival, el rey hitita Muwatalli levantaba en armas una gran alianza contra
Egipto, pronto hicieron que sus prioridades fueran otras, y si bien fue en
el 4º año de su reinado cuando el otrora
aliado egipcio, el influyente rey de Amurru, Benteshina, se levanta contra
el rey egipcio, habría
de ser en el 5º cuando
tendría
lugar la gran batalla entre egipcios e hititas.
Según
nos narran ciertos textos de los templos de Abido, Karnak,
Luxor, Ramesseum y Abu-Simbel,
así como en el llamado "Poema de Pentaur", la victoria
egipcia en, una vez más ciudad de Qadesh, no lo fue tanto, pues
tras finalizar
la contienda esos actos de agresión perduraron hasta al menos el
año
10 del reinado de Usermaatra-Setepenra-Ramsés*
(II), en un momento próximo a la muerte de Muwatalli.
A ese rey hitita le sucedería
su hijo Mursil (III), durante el cual parece no se produjeron agresiones,
hasta que bajo el reinado de su tío
Hatusil (III), su sucesor, se firmó un tratado de paz
entre ambos reinos con la divisa de "Paz y Fraternidad" con
el que se comprometían
a no iniciar conflicto alguno, a establecer una alianza ante
agresiones extranjeras, o a permitir la extradición de quiénes
se refugiasen en el país contrario. Eso sucedía en el año
21 del reinado de Ramsés* (II), para
en el 34 establecer fuertes vínculos familiares tras casarse el
rey egipcio con la hija mayor de Hatusil (III), la princesa hitita Naptera
(Maathorneferura).
Las razones de esa paz nos son desconocidas, más
se ha propuesto que bien pudieron ser debidas a la necesidad que tuvieron
los hititas de establecer una amistad con los egipcios ante la amenaza
que representaba para ellos el poder de
asirio, y aún los "Pueblos
del Mar", por entonces en franca expansión, e incluso su posible
debilidad frente a la sequía
que tanto afectaba a sus cosechas. Y por el lado egipcio, la posible
enfermedad del monarca, ya por entonces de edad avanzada, quien podía
padecer una "espondilitis
anquilosante" (una
grave enfermedad reumática) que
le impediría tomar parte activa en sus ejércitos.
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| Ramsés (II) cargando contra
un soldado sirio |
En su interés por controlar Nubia, también
Ramsés* (II), y ya en su 8º
año de reinado, hizo frente a una rebelión de Irem,
y seguramente ese mismo interés fue el que también le
motivó
a construir o mejorar en sus fronteras, templos y fortalezas como ningún
otro en la zona: Beit el-Wali, Abu-Simbel, Gerf Husein, Wadi es-Sebua,
Derr, Aksha, Amara, Aniba, Faras, Buhen, o Gebel Barkal. Unas construcciones
fronterizas que le permitían controlar de una manera más
efectiva la región, y sus recursos. De hecho, nombró diferentes
virreyes en la región para mantener el orden, velar por las
construcciones reales,
y administrar su territorio. Pero en lo que parece por unas duras condiciones
climáticas, Nubia fue progresivamente abandonada al final de
su reinado. Tampoco parece que las tierras líbias escaparan
a su control; de hecho, también se preocupó de proteger
la frontera occidental de incursiones meshuesh y de libu con
varias fortalezas, así envió expediciones militares
a las ciudades libias de Satuna, y Mutir.
Esa intensa actividad constructora también estuvo
presente en todo el país. El templo funerario del Rameseo, un
templo al lado del su padre en Abido, Karnak, Filas, Elefantina, Edfu,
Ajmin,
Matmar, Hermópolis Magna, Antinoópolis, Heracleópolis,
Bubastis, Atribis, Tell el-Retaba, Menfis, Heliópolis, Pi-Ramsés
o Tanis, fueron algunos de ellos, amén de otro buen número
de representaciones personales en estatuas, estelas y otros restos
que
han hecho que este personaje sea considerado uno de los mayores constructores
del antiguo Egipto, y por tal razón, difundida la teoría
de su egolatrismo. Tan importante actividad, prolondada además
durante tan largo tiempo al morir octogenario, hizo que se intensificara
aún más la labor burocrática, de tal manera, que
es de su reinado del que más y mejor se conserva su aparato administrativo
entre el que se hallaría un buen número de
extranjeros. Pero su longevidad, no en vano llegó a vivir más
de 80 años,
su numerosa prole (se le conocen cerca de 100 hijos), la formación
de numerosos cargos hereditarios que posiblemente contribuyeron a agravar
las cargas fiscales, la cesión al sacerdocio de Amón de numerosas tierras,
o la importante autonomía
que concedió
al Virrey de Kush, Setau, hacen pensar que al final de sus días
escapase a su control el gobierno, para pasar a ser un dios viviente,
pero políticamente olvidado.
Ramsés* (II), que por su avanzada
edad había visto desaparecer a su amada esposa Nefertari Meritenmut,
y a un buen número de hijos, murió probablemente en la
ciudad de Pi-Ramsés, y su cuerpo conducido a la monumental
tumba que se había
hecho construir en la necrópolis tebana del Valle de los Reyes.
Con su muerte desaparecía una de las más importantes,
aunque también más controvertidas figuras de la historia
egipcia. Pero si bien por un lado dió muestras de gran estadista,
no es menos cierto que su política, acrecentada por lo prolongado
de su reinado, contribuyó de manera decisiva a la debilitación
del país. Sea
como fuere, su memoria perduró en en la de sus sucesores durante
varias generaciones.
Al final de sus días, el mayor de sus hijos vivos, el decimotercero,
el que hasta entonces ocupaba un discreto puesto de "Escriba Real"
pasó a ser nombrado"General en Jefe", y a su muerte,
heredero al trono de Egipto. En aquél momento Baenra-Merenptah*contaba
con no menos de 60 años, una avanzada edad para hacer frente
a la compleja situación política por la que atravesaba
el Oriente Próximo con el avance de los "Pueblos
del Mar", que seguían desestabilizando
todos los reinos vecinos. Ese estado crítico en los pueblos
limítrofes
acabó también afectando a sus fronteras S. y O.. Así
se sumaron insurrecciones nubias y la de diferentes pueblos del
occidente egipcio que le obligaron a concentrar más sus fuerzas
en el aparato militar que en el administrativo con el que mejorar
las difíciles
condiciones del país que había heredado. Baenra-Merenptah*
se inició tomando las ciudades y territorios de Ascalón,
Gezer, Yanoam e Israel, a las que seguirían unas campañas,
no suficientemente aclaradas, en el Desierto Occidental que castigasen
las incursiones que sus pueblos llevaban a cabo en el flanco occidental
egipcio. Todo ello, y a juzgar por las fuentes egipcias, acabó
en una dura batalla en "Periru" (o "Piyer"),
un lugar próximo al Delta. De igual manera dirigió sus
tropas contra los "medjay" en el "País
de Uauat",
en Nubia, a quien parece infligió los más duros castigos
que cita texto egipcio alguno en su historia. Es decir, a Merenptah*
le tocó vivir un momento especialmente duro con los reinos vecinos
lo que acabaría por afectar gravemente al suyo
propio. De hecho, es durante su reinado cuando
queda marcado el inicio del declive
egipcio.
Pero resulta curioso observar que su nombre quizás es más
citado en los textos que el de su padre, y no por una determinada actividad
social o artística, que apenas las tuvo, sino por su especial
interés
en sustituir los nombres de sus antecesores por el suyo propio con los
que pretendía paliar sus carencias.
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| Tapa granítica
del 2º sarcófago de Merenptah. Tumba KV8 del Valle de
los Reyes |
La desestabilización producida ya en
el reinado de su padre, y acumulada durante el suyo, derivó tras
su muerte en un periodo de desórdenes
dinásticos que acabaron por afectar a la propia estabilidad
del país.
Su hijo Userjeperura-Sethy*
(II)
heredó el trono, pero a los 2 años de gobierno un poco
conocido personaje,
Amenmeses*, se
rebeló contra
el rey y usurpó el poder real. Se desconoce el origen de Menmira-Amenmeses*,
aunque es probable que fuera uno de los hijos de Sethy*
(II) y la reina Tajat, ni tampoco se saben las
razones por las cuáles quien fuera virrey del Kush, quizás
con el nombre de Messuy, se alzase contra su padre (?), aunque
no cabe duda que tuvo que estar sustentado en un probable malestar
social, no en vano se tienen noticias de graves escándalos
jurídicos, pues de otro modo hubiera resultado
impensable. En cualquier caso fueron años de silencios
en los que no se sabe del destino de Sethy*
(II) durante los 3 años y 8 meses de reinado de su "usurpador",
pasados los cuales volvió a reaparecer aun sin descartar
la posibilidad de que en ese intérvalo de tiempo estuviera
replegado en el N.
de Egipto;
quizás
en la
ciudad
de
Pi-Ramsés. De nuevo en el trono, Userjeperura-Sethy*
(II), se dedicó a borrar la memoria de su antecesor aunque
fuera durante un muy breve periodo de tiempo, pues poco después desapareció.
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| La reina Tausert haciendo ofrendas
al dios Geb. Tumba KV14 del Valle de los Reyes |
En ese contexto, una nueva incógnita
política se vino a sumar a las ya múltiples
existentes. El sucesor de Userjeperura-Sethy*
(II), un muy joven príncipe (unos 10 años),
y también
poco conocido Ajenra-Siptah*, cuya
legitimidad se desconoce pues no parece probable que fuera
hijo suyo, sino por las alusiones que han llegado
de su canciller
Bay, quien se califica
así mismo como "el que estableció al rey en el
trono de su padre" hacen pensar en que tras algún conflicto
interno el trono volvió a pasar al heredero legítimo
del "usurpador" Amenmeses* tras
la marcha de Sethy* (II). Al ocupar
el trono siendo menor de edad y con una grave secuela de poliomielitis
(tenía
una malformación en un pie), se piensa que pudo
actuar de corregente la mujer de Sethy*
(II), la reina Tausert*, pero resulta
curioso observar que mientras los escasos textos que se conservan de él
se hallan en Nubia, que es dónde
probablemente gobernara quien fuera su padre, los de Tausert se localizan
al N. de Tebas. Es decir, que juzgando únicamente
lo hallado hasta el momento pareciera como si el país hubiera
sido dividido en dos. También
resulta revelador que en los documentos de esta reina únicamente
aparezcan las diosas Bastet y Neit, ambas originarias del Delta,
y nunca a Osiris.
A los siete años de su entronización, Ajenra-Siptah*
muere sin herederos, y por unas razones desconocidas que provocaron
lo que parecen ciertas revueltas institucionales, es la reina Tausert* quien
se hace con el trono. Se desconocen las causas de la muerte
de tan joven rey, y
también,
la que condujo a Tausert * a ceñir
la corona (ella decía que había sido un favor del dios
Ra), más dedicándose a borrar sistemáticamente
la memoria de su antecesor, y vinculando
el suyo directamente
al de su esposo, el rey Userjeperura-Sethy*
(II), se explicaría una clara animadversión de esta
reina hacia quien probablemente no considerase sino un usurpador. Así,
en la gran tumba que se construyera ya en tiempos de su esposo en
el Valle
de los Reyes (una de las pocas reinas que lo hicieron), fue sustituído
el nombre de Ajenra-Siptah* por el de Userjeperura-Sethy*
(II). De la "Amada de Hathor", como así se hizo
llamar
Sitra-Tausert*, se han hallado objetos
en diferentes puntos de Palestina, y el Sinaí, lo que hace pensar
que durante su reinado se mantuvieron relaciones con sus vecinos asiáticos.
Su nombre también aparece en Abido, Heliópolis, Hermópolis,
Menfis, y Qantir, en dónde quiso construir su "Templo
de Millones de Años". También nos es conocida Sitra-Tausert* por
una serie de recipientes de oro y plata que fueron hallados en 1906
con su nombre en Bubastis. Tras un breve periodo en el
que aún
sin contar con las evidencias podría haber ocupado un importante
cargo el viejo canciller Bay, quien también
se construyera una tumba en el Valle de los Reyes, Sitra-Tausert* muere
y parece se pone fin al oscuro
conflicto dinástico
que había permanecido latente durante todo su reinado, cuando
un personaje desconocido, aunque seguramente emparentado con Ramsés*
(II) (quizás nieto), paso a ser su rival, para a
su muerte, sucederle. Userjaura-Sethnajt* inició una
campaña de destrucción de su memoria,
eliminó su nombre allí dónde lo hubiere, y
usurpó
su tumba en el Valle de los Reyes. Con ella finalizaba la XIX dinastía.
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