| Tras varias décadas de luchas de los reyes
tebanos de la XVII con los gobernantes hicsos del Bajo Egipto, el joven
rey Ahmose*, tomando el testigo de su hermano
Kamose*,
consiguió arrebatarles la vieja capital egipcia de Menfis, y
tras dirigirse con su flota naval hacia el N., y ocupar su capital,
Avaris,
pone fin a más de doscientos años de ocupación.
Con la expulsión hicsa, y la tan ansiada reunificación
de un país que había permanecido dividido durante tan largo
tiempo, renació en el pueblo egipcio un olvidado sentimiento patriótico
que acabó por desembocar en unas políticas vigilantes de
su entorno
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Nebpehtyra-Ahmose* (I) haciendo ofrendas
a
su abuela la reina Tetisheri. Parte superior de
la estela JE 36335. Museo de El Cairo |
geográfico que derivaron en otras de control militar
hasta entonces no conocidas sobre territorios vecinos que impidieran
que esa situación se volviera a dar en el futuro. Así, una
vez acabado con el poder hicso, y aprovechando el vacío originado en Palestina,
el poder egipcio dirigió sus miras hacia Asia Menor. En esas condiciones
se iniciaba la XVIII dinastía y la nueva etapa histórica
que entonces se iniciaba denominada Imperio Nuevo.
En lo que se refiere a la política en el interior del país,
Nebpehtyra-Ahmose* emprendió diversas
reformas administrativas -de las que se está mal informado- para
centralizar fuertemente el poder y marcar las bases de una nueva legislación,
calendario y culto. Una de sus primeras acciones fue acabar con los
regímenes
feudales en manos de pequeños reyes vasallos que permitieran los
hicsos en el Egipto Medio. Inició las grandes construcciones
y relanzó la actividad comercial con el Mediterráneo
Oriental y Creta lo que acabaría sentando las bases
del fortalecimiento económico
del país, y muy especialmente el de las ciudades egipcias del
Bajo Egipto desde las que se comerciaba con ellos. En el terreno religioso
alzó al dios tebano Amón a máxima deidad del país,
y a su clero le ofreció importantes recursos financieros y políticos
para que actuara como garante de la autoridad real lo cual reportaría
a Ahmose* y sus sucesores la legitimidad
deseada.
Su sucesor Dyeserkara-Amenhotep* (I) continuó
la política exterior efectuando diversas campañas militares
por Nubia, oasis libios y zonas próximas al río Éufrates
en Asia Menor. Realizó
numerosas construcciones por todo el país de la que especial mención
merece la d el templo de Amón en Tebas. En
su reinado se redactó el famoso papiro médico Ebers y
es también en esta época cuando aparece el llamado "Libro
del Amduat"; un importante texto funerario. A su muerte, y no
habiendo dejado hijo heredero, se plantea por primera vez
el delicado asunto sucesorio en la corona, cuestión que hubo
de resolverse casando a su hermana la princesa Mutnefer (I) con
un militar próximo
a la familia real: Aajeperkara-Thutmose* (I).
Al lado de su esposa Ahmose-Meritamón (II), Amenhotep*
(I), fué divinizado y sus recuerdos permanecieron presentes
hasta la Baja Época en un templo que se les construyó en
Tebas Oeste.
Similar problemática se dió para Thutmose*
(I), el "Nacido del dios Tot", pues a su muerte
se planteó
un nuevo problema sucesorio al no haber sobrevivido ninguno
de los primogénitos. En esa circunstancia, fue uno de los hijos
tenidos de una esposa secundaria, el príncipe Thutmose*,
quien es proclamado sucesor y casado con la
princesa Hatshepsut.
Pero no acabarían ahí los problemas,
pues la prematura muerte de Aajeperenra-Thutmose*
(II) y la minoría de edad de su hijo, el joven Thutmose*(III),
hizo que su hermana y esposa,
la reina
Hatshepsut* (I) pasara a ocupar el cargo
de regente, para una vez en el poder, y nombrados a dos de sus hombres
de confianza para altos cargos de gobierno, Hapuseneb como "Visir"
y "Primer Profeta de Amón", y Senenmut como "Superintendente
de los Aposentos Reales" en el 2º año del reinado
de
Thutmose*(III), se hiciera con el trono
haciendo uso de un "Mito de la Teogamia" que el clero de Amón
había formulado para ella, y en el 7º, adquiriese
los títulos propios de la condición real masculina
ocupando un puesto que correspondía al joven
a quien tutelaba, por entonces
más ocupado y preocupado por la formación militar a la
que le conducían sus campañas por tierras nubias.
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Relieve del príncipe
Parehu y su mujer la reina Ati.
Expedición al País de Punt.
Templo funerario de la reina Maatkara-Hatshepsut* en Deir el-Barahi |
Se ha hablado mucho del enfrentamiento personal entre
reina e hijastro motivado por esa razón, pero si bien es posible,
hasta que no desaparece la figura de la reina no se confirmaría
que esa relación, y aún después hasta bien entrado
su reinado no se llevaría a cabo. Fue entonces cuando Thutmose*(III)
sometió a gran parte de sus monumentos al abandono y sus nombres
borrados ú ocultados tras los de su padre y abuelo y, en ocasiones,
con los suyos propios.
La sin duda importante figura de la reina Maatkara-Hatshepsut*
(I) desaparece de la Historia con quizás
la satisfacción de haber construído
uno de los más bellos y espectaculares templos que el Egipto
faraónico
nos ha legado. Un templo funerario edificado en la orilla occidental
del Nilo, frente a Tebas, en un lugar llamado Deir el-Bahari, muy
próximo
al Valle de los Reyes en donde siguiendo la tradición de sus antepasados
también se construiría su última morada. Cabe
también señalar que fue la artífice de una afamada
expedición comercial que envió al país de Opone
o Punt. Un lugar sin determinar de la costa africana (quizás
Somalia), o de la Península Arábiga (quizás
Yemen), de donde llevaron productos como la preciada resina y árboles
de incienso, oro, marfil, ébano, madera de cinamomo, mirra,
monos, perros, pieles de pantera y piedras preciosas, entre otros,
así como algunos nativos.
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| Un oferente Menjeperra-Thutmose*
(III) con dos vasos "nu". Escultura JE 43507. Museo de El
Cairo |
Como ya se empezara a manifestar durante los últimos
años del reinado de su antecesesora, cuando el joven rey accede
al trono la situación en Asia es muy delicada. El rey de Qadesh
y una coalición de más de trescientos príncipes
de la región hasta entonces enfrentados, deciden unir sus
fuerzas contra el nuevo rey, y Menjeperra-Thutmose*
(III), en una de sus primeras tomas de decisión envía
a su ejército contra los extranjeros para así salvaguardar
las rutas comerciales y áreas de influencia en la zona que
para Egipto le eran de vital importancia. El rey se dirigió con
su ejército
a la región y logró vencerlos, pero la contienda terminaría
siete meses después con el asedio y toma de la ciudad donde se
hubieron atrincherado: Megiddo. Ese fue el inicio del reconocimiento
de
la supremacía egipcia, y de una imposición administrativa
y militar en el área nunca exenta de conflictos, pues de las
diecisiete campañas militares que realizó en el exterior
entre los años 22 y 42 de su reinado, la práctica totalidad
de ellas tuvieron igual finalidad: recuperar el control de sus dominios
en Asia en una extraña
sucesión de pérdidas y víctorias. Tras la última
de esas campañas, y por lo que pareciera, decisiva, se abre un
periodo de tranquilidad que habría de ser aprovechado por el
rey egipcio para consolidar sus posiciones y crear una
importante red de bases militares equidistantes unas de otras en algo
más
de 60 km. Similar actuación llevó a cabo en el S. con Nubia
mejorando las fortificaciones existentes o construyendo otras nuevas.
Esa importante actividad constructora le capacitaría para en el
año 47 de su reinado, realizar una expedición a tierras
nubias de donde nos dice se trajo mas de 75.000 kg de oro (...). Es
decir,
si bien esta cantidad parece poco probable que entrase en Egipto, nos
puede servir aún con las ogligadas distancias, para hacernos
una idea del fluir de riquezas que entraron en Egipto durante su reinado
procedentes
del exterior. Esa actividad permitió que afluyeran al país
materias primas, y productos semielaborados de las regiones limítrofes,
así como personal especializado en artesanías tales como
fundición (de metal y pasta vítrea), y construcción
naval entre otras. Siria, Palestina, Babilonia, Hatti, Nubia, Chipre,
Punt, etc., fueron algunos de ésos territorios que se rindieron
a la voluntad de Egipto, convirtiendo al "País del Nilo"
en el centro político de Oriente Próximo y derivando hacia
una importante actividad mercantil que convertiría a Egipto en
el centro económico de Oriente Próximo (véase
mapa de rutas comerciales).
Aajeperura-Amenhotep* (II), su hijo y sucesor,
fue sin duda el rey que Egipto necesitaba en esas circunstancias. Su
fuerte
carácter e importante fortaleza física pronto hubieron
de ponerse a prueba, y así, hasta tres campañas
militares tuvo que realizar en Asia. En la que llevó a cabo
en el año
7 de su reinado, se vió en la necesidad de enfrentarse y someter
a los pueblos sirios que se habían sublevado, consiguiendo retomar
la influencia que ya su padre había impuesto sobre aquéllos
territorios comprendidos entre Egipto y la ciudad de Ugarit en la costa
siria. Incluso se internó en territorio del rey de Mitanni,
por aquél entonces parece que verdadero instigador de la rebelión.
Pero estas acciones de guerra contra el poderoso reino mitanni pronto
hubieron de llegar a su fin, pues quizás apremiados por las incursiones
que el rey hitita Tudhaliya (III) hacía en sus territorios del
norte, se vieron obligados a sellar una alianza con los
egipcios
de
acuerdo
con
la cual Mitanni aceptaba el control de Egipto sobre las ciudades de Ugarit,
Tunip, Qadesh y los territorios más próximos a Egipto
y se abstenía de intervenir en ellos. Amenhotep*
(II), creó una eficaz administración, permitió
de buen grado el culto de divinidades asiáticas en Egipto como
Reshef o Astarté, así como mostró especial interés
por los cultos solares del norte del Egipto, fijándose en la
vieja Esfinge de Guiza, identificada con Ra, dios del sol, y con Harmaquis,
"Horus en el horizonte", reafirmando la costumbre solar de
sus antepasados. Fue precisamente en ese lugar donde según la
tradición,
y mientras dormía entre sus patas, al joven príncipe Thutmose*
le fue rebelado su destino como rey de Egipto.
Menjeperura-Thutmose* (IV), que así
se hizo llamar el nuevo rey, mantuvo la alianza con sus vecinos permitiendo
que se consolidara una paz que sería clave en la estabilidad
del
área asiática durante un largo periodo de tiempo. No ocurrió
lo mismo en el Kush y por lo tanto intervino en alguna ocasión.
En el país, Menjeperura-Thutmose* (IV) introdujo
algunos cambios que trataron de evitar el excesivo papel del clero
de
Amón en la política, o al menos apoyó de forma especial
al clero solar heliopolítano. En ese ambiente de estabilidad,
aunque también de reforma, a los 10 años de su ascenso
este dejaba el destino de Egipto en manos de un niño de 12 bajo
el tutelaje de su madre la reina Mutemuia.
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| ""Colosos de Memnón"
en Kom el-Heitan. Al fondo, una parte del terreno en donde se asentó
el recinto funerario de Amenhotep (III) |
El Egipto que Nebmaatra-Amenhotep*
(III) heredó gracias a la política de alianzas de
sus antecesores acabó por convertir a Egipto en la nación
más
poderosa de Oriente Próximo, y sus vecinos, Babilonia, Asiria,
Arzawa, Alasiya (Chipre), Hatti, Mitanni, etc., que mantuvieron en todo
momento su independencia, asumieron una hegemonía egipcia que
evitó
se produjera acto bélico alguno. Esa política de alianzas
con los pueblos asiáticos, fue sellada en
la mayoría de los casos
con el envío
de princesas asiáticas a la corte egipcia, y de hecho, una de
sus esposas principales acabó siendo la princesa Gilukhepa, hija
del rey Shutarna (II) de Mitanni como así se desprende de una
serie de importantes escarabeos conmemorativos que este rey mandó realizar
para éste y otros actos principales de su reinado.
Esa "Pax" exterior liberó una buena parte de los recursos
del país permitiendo que durante su reinado se alcanzara una
importante prosperidad económica. Veló por la seguridad
en las rutas comerciales que conducían a minas y puertos, y
hacia Egipto se dirigió una ingente cantidad de productos (madera,
metales, productos manufacturados, ganado, etc.), así como mano de
obra, que unido a unas favorables
cosechas produjeron una frenética actividad comercial, constructora
y artística que dejó constancia por todo
el país . Se construyeron o ampliaron gran cantidad
de templos, destacando el nuevo templo de Amón en Karnak, el lujoso
palacio de Malqata, o entre otros, el hoy desaparecido templo funerario
de Kom el-Heitan en la ribera occidental tebana; sin duda uno de los
mayores templos jamás construidos en Egipto y del que desgraciadamente
hoy sólo quedan las dos imponentes estatuas que flanquearon su
entrada que conocemos como los "Colosos de Memnón".
Nebmaatra-Amenhotep* (III)
continuó la devoción hacia el culto solar que habían
manifestado sus antecesores, y si cabe aún con más énfasis
pues fue durante su reinado cuando se construyó en Heliópolis
el primer templo dedicado exclusivamente al por entonces ya dios Atón,
o se hace llamar "Aton Dyehen" (Disco solar
resplandeciente), en lo que constituye la primera aparición de su
nombre entre el noménclator real y sin duda, una reafirmación
de notable trascendencia para el futuro inmediato de Egipto.
Le sucedió un joven Neferjeperura-Amenhotep
(IV)*, que cual presagio de su difícil destino, en uno de
sus primeras actuaciones (año 2 de su reinado), se vió inmerso
en la reclamación que un fiel aliado de Egipto, el rey Tushratta
de Mitanni, le hizo para que le enviara las dos estatuas de oro que
su
padre le había convenido como pago por el envío de su hija
la princesa Tadujeba. Pero de la respuesta, si la hubo, nada sabemos.
De lo que si sabemos es de sus profundas convicciones
religiosas en cuyo centro se hallaba el disco solar o Atón de quien
consideró emanaba la propia existencia creadora del hombre, y sus
rayos, fuente de toda vida. Una novedosa concepción religiosa conocida
por su padre y antecesores,
 |
| Parte superior de una
escultura de Neferjeperura-Amenhotep* (IV). Templo dedicado a Atón
en Karnak (Gemetpaaton). Escultura JE 49528. Museo de El Cairo. |
pero que habiéndola adoptado como propia en el
año 5º de su reinado, el ahora llamado Ajenatón*
("Aquél que es eficaz en nombre de Atón") en contraposición
con la oficial de Amón, acabaría por derivar en un conflicto
religioso contrapuesto al del todopoderoso y omnipresente clero de Amón
en Tebas. Ajenatón* en unas circunstancias
desconocidas, pero fácilmente adivinables, decidió abandonar
las capitales administrativa y religiosa de Egipto (Menfis y Tebas respectivamente),
para alejado de las previsibles tensiones estamentarias, fundar una nueva
capital en el Egipto Medio, Ajetatón ("Horizonte de Atón),
desde la cual desarrollar aquéllos nuevos conceptos religiosos.
Y también, desde la que se ocultara la religiosidad anterior. Se
cerraron templos y prohibieron cultos, e incluso sus nombres fueron borrados
allá donde aparecían, y muy especialmente los de Amón
y su consorte Mut. Nacía lo que se ha dado en llamar "revolución
amarniense", y cuál revolución, acabó trascendiendo
más allá de lo previsible para pasar de lo religioso a lo
político, y por ende, a lo social y humano.
En la alejada ciudad de Ajetatón, él y su amada Nefertiti,
junto a su cohorte de funcionarios, se dedicaron a su actividad teológica
prácticamente abstraídos de toda realidad exterior, y cuasi
"encerrados" en su humanístico destino. Esa actividad
creacional transformó el modo de plasmar la figura humana en el
arte, y ya sea en la estatuaria o en el relieve ahora con una actitud
más naturalista y cotidiana en la expresión. De esta época
es el famoso busto de Nefertiti. En el año
14 del reinado de Ajenaton*,
la reina Nefertiti
desaparecía de la escena pública. ¿ Qué pasó
con Nefertiti ?. Estudios muy aceptados en la actualidad sugieren, aunque
con las lógicas reservas, que la razón de esa
repentina desaparición
se deba al hecho de que asumiera la
corregencia, para posteriormente, y una vez muerto su esposo,
llamarse Anjjeperura* (+epíteto)
y Neferneferuatón* (+epíteto).
Es decir, muy probablemente el poco conocido personaje que le sucedió:
Anjjeperura-Neferneferuaton-Semenejkara*.
Ello explicaría las razones de la repentina desaparición
de Nefertiti, y por el otro la verdadera naturaleza de tan desconocido
rey.
Mientras tanto la situación en Asia era delicada. Los egipcios
acababan de atacar Hatti como respuesta a la ocupación por
parte de éstos de la aliada ciudad mitanni de Qadesh. Como represalia,
los hititas inician una serie de enfrentamientos que tienen su punto
de
partida en la toma de la también aliada ciudad de Amqi. Esa acción
ya no es respondida por Egipto, y pronto es aprovechada por sus enemigos
para iniciar una serie de alianzas que desmembrarían el poderío
egipcio en la región. Sería a ese momento de debilidad
el que correspondería
cierta carta hallada en el archivo real de Hattusas (capital del reino
de Hatti) en el que una reina viuda egipcia escribe al rey hitita Shuppiluliuma
(I) solicitándole uno de sus hijos en matrimonio y así
sellar la alianza que Egipto necesitaba. Pero si bien
consiguió
que se atendiera su ruego, tan desdichado príncipe nunca llegó
a pisar tierra egipcia. Esa reina es probable que fuera Nefertiti.
 |
| Ushebtis con las corona roja y blanca
aparecidos en la tumba de Tutankhamón*. JE 60823 y 60824. Museo
de El Cairo |
Es una incognita el destino final del herético
Semenejkara* (Nefertiti ?), y de las circunstancias que se dieron
para que otro rey herético, el muy conocido, aunque igual de
efímero
rey Tutanjatón*,
le sucediera, pero fuesen cuáles
fuesen las verdaderas razones de su ascenso, es probable que fuera obligado
o cuando menos condicionado (tenía unos 9 años
de edad) por una corte o altos cargos a poner fin a aquéllos años
de cisma religioso, y así, a los 3 años de su entronización,
Tutanjatón* abandona definitivamente
la ciudad de Ajetatón y se traslada a Menfis para desde
allí y
mediante un decreto, restaurar la vieja religión egipcia que
pusiera fin a esas disputas entre monarquía y los viejos, aunque
poderosos seguidores de Amón. Con su nuevo nombre, Nebjeperura-Tutanjamón*,
con el que quedaba restaurado el poder del dios Amón, se retomó
la religiosidad politeista egipcia y sus tradiciones. Entre ellas, la
de los enterramientos de bueyes Apis en Saqqara. En cuanto a las actuaciones
de gobierno, remodeló la administración, y parece envió
tropas al conflicto asiático. Nebjeperura-Tutanjamón*
falleció repentinamente, y a semejanza de la práctica totalidad
de los reyes de la XVIII dinastía, su cuerpo acabó siendo
enterrado en una tumba del Valle de los Reyes cuyo hallazgo a principios
de los años veinte del pasado siglo constituye aún hoy
en día el más importante hallazgo arqueológico
acontecido jamás en Egipto.
Le sucedió un anciano Jeperjeperura-Ay*
por seguramente estar vinculado con la familia real (pudo ser hermano
de la reina Tiye -I-) y por su condición de corregente o posible
heredero al trono, además de por su matrimonio con la reina viuda
Anjesenamón que acabaría sellando la legalidad de su ascenso.
Su reinado de apenas 5 años, nos es escasamente conocido. Nombró
heredero al que seguramente sería su hijo Najtmin (II), pero a
la muerte del anciano rey se provocaron unos desórdenes en el país
que acabaron siendo extinguidos por el general Horemhab*
y su éxito aprovechado para hacerse con el trono.
Dyeserjeperura-Horemhab* significó
la definitiva vuelta a la normalidad religiosa. Reorganizó la
administración
y ejército al completo mediante un edicto grabado en una estela
de Karnak. En ese documento jurídico se dictaron importantes
medidas contra el abuso de poder existente por parte de magistrados,
soldados
y funcionarios de hacienda. A la milicia le concedió gran importancia
regulándola en dos grandes áreas (Alto y Bajo Egipto),
y creó unos tribunales de justicia militar. Se dedicó especialmente
a frenar los conflictos asiáticos, pero si bien sus victorias
recuperaron parte del territorio e influencia perdido en la zona,
no fue capaz de
evitar el desmembramiento que se produjo tras la eliminación del
reino aliado de Mitanni por parte hitita y la subsiguiente consolidación
de dos poderosos reinos que ocuparan su espacio: el hitita y el asirio.
Al carecer de descendencia nombró heredero a
un compañero
suyo, el general Paramose, con quien se iniciaría una nueva dinastía.
Con el reinado de Horemhab* se ponía
punto final a la XVIII dinastía. Un periodo de trascendental importancia
histórica con el que quedó marcado el cénit cultural
egipcio.
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Estela de Restauración
de Tutankhamón*
usurpada por Dyeserjeperura-Horemhab* |
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