Se desconoce en qué condiciones se produjo el
paso de la V a la VI dinastía, aunque se ha considerado la posibilidad
de que el primero de sus reyes, Teti, pasase
a ocupar tal cargo al tomar en matrimonio a la princesa Iput (I), una
de las hijas de Unis. Otros
autores, han querido ver en el “Nombre de Horus” de éste
rey, Sehoteptauy, “El que pacifica el Doble País”,
razón
de una posible usurpación tras algunos incidentes que hubieron
podido producirse desde algunos gobiernos provinciales de la etapa anterior.
En cualquier caso, no hay registrado altercado social alguno como así
queda demostrado por el hecho de que varios funcionarios de Unis,
a su vez también lo fueron de Teti.
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| Escena de la tumba de Mereruka (reinado
de Teti). Saqqara |
Durante el gobierno de Teti,
pasó a consolidarse definitivamente la transmisión del título
de nomarca de padres a hijos, pasando de ser unos gobiernos dirigidos
por un funcionariado más o menos capaz, a otros en dónde
el único mérito residía en ser hijo del anterior.
Tal circunstancia permitió que se crearan pequeños principados
oligárquicos a lo largo del Valle y que con el paso del tiempo
acabasen suplantando otras funciones estatales como la recaudación
de impuestos, ejército, etc., lo que es obvio decir significó
un desmantelamiento paulatino del poder central y con ello del declive
de la monarquía. Un ejemplo de la importancia que adquirieron,
reside en el hecho de que uno de sus reyes, Meryra-Pepy
(I), casó con las hijas de uno de éstos gobernantes.
Tras el gobierno de un breve y desconocido rey Userkara
(I), en quien se ha visto a un usurpador e incluso a un corregente
durante la minoría de edad de Meryra-Pepy
(I) tras ser asesinado su padre el rey Teti,
Pepy (I) emprendió diversas reformas
en la administración pública, así como regularizó
unos censos que a partir de entonces se iban a realizar con carácter
bianual. Fue un excelente constructor y emprendió diversas expediciones
al Wadi Hammamat, Sinaí y Nubia, así como también
facilitó el desarrollo de contactos comerciales con diferentes
puntos del Oriente Próximo. Gracias a cierto bloque monolítico
actualmente en el Museo de El Cairo y en dónde aparece la “autobiografía”
de un gobernador del Alto Egipto por nombre Uni, es conocido cierto proceso
en el harén real en el que a una de las esposas de Pepy
(I) se le acusó de conspiración junto a un visir
de nombre Raur, por lo que éstos excepcionales hechos hablan
de la decadencia a la que se vió sometida la monarquía
en un proceso irreversible de degradación y de consecuencias
políticas
tan fatales como las vividas al final de éste periodo histórico.
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Cabeza áurea de halcón
JE 32158. Museo de El Cairo |
Le sucedió su hijo Merenra-Antyemsaf
(I) tras varios años de haberlo tenido asociado al trono. Éste
continuó con la política de su padre tanto en el interior
(control de los nomarcas), como en el exterior (campañas
asiáticas
y nubias), y en el ámbito comercial, envió a su “Amigo
Único”, Herjuf, para que estableciera contactos
con el “País
de Yam” en la 2ª catarata del Nilo.
Como consecuencia de su temprana desaparición,
a su muerte se produjo una corregencia entre una de sus esposas, la
reina
Anjnesmeryra (II) y el nomarca de This, Djau hasta la mayoría
de edad de su hermanastro; por aquél entonces un niño
de 6 años de edad, Neferkara-Pepy
(II).
Con Neferkara-Pepy (II)
ya en el gobierno, se producieron importantes expediciones a Hatnub
en busca de alabastro, así como continuaron las expediciones
al “País
de Yam” por Herjuf. De allí se trajeron, incienso, ébano,
aceite y diversos y exóticos productos. En cuanto a sus actuaciones
militares, podríamos decir que se vieron casi exclusivamente
centradas en Nubia, hacia dónde hubo de mandar en diversas
ocasiones a su ejército.
Como consecuencia de su largo reinado (murió cuando
contaba con más de 90 años por lo que es considerado el
monarca de más largo reinado de la Historia Universal), Egipto
se ve abocado a uno de los periodos más decadentes de su larga
historia, pues unido a la debilidad de su gobierno, lo que parecen
unas
pésimas condiciones climáticas que condujeron al abandono
de su agricultura y la otra inercial que vino madurándose desde
sus antecesores en las que se devaluó la verdadera función
del poder real en beneficio de las locales, no se produjo durante
su reinado
sino el detonante de unos graves acontecimientos que estallaron a su
muerte y que no fueron capaces de superar los efímeros reyes
que le sucedieron; entre ellos la desconocida reina Neitikerty,
último representante de la dinastía de cuyo gobierno
apenas quedan informaciones muy tardías que se mueven entre la
tradición
y la leyenda.
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