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Bajo la IV dinastía Egipto alcanza uno de los
momentos álgidos de su dilatada historia. Es la época
en la cual se erigiron sus mayores construcciones funerarias, y ejemplo
de la
magnitud de su obra, las pirámides. Edificaciones que jugaron
un papel trascendental en la consolidación de un estado por aquél
entonces en fase inicial y sobre todo de su monarquía al aglutinar
en su entorno una administración eficaz y un pueblo, el egipcio,
unido ante un mismo cometido.
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Pirámide "Roja"
de Seneferu en Dahshur.
Al fondo, su pirámide "Romboidal". |
Bajo el reinado de Seneferu,
con quien se inicia la dinastía, se llevaron a cabo numerosas
empresas. Así por un lado se realizan expediciones militares
a Nubia, Libia y Sinaí y comerciales a Biblos y Desierto Oriental,
y por otro, se produjo una frenética actividad constructora
hasta entonces nunca vista. Seneferu,
construye hasta tres pirámides de relevancia (y previsiblemente
alguna otra menor), y entre ellas, la primera auténtica; la
llamada “Pirámide
Roja” de Dahshur.
A la muerte de éste, es su hijo Jufu
quien continuó la prolífica labor de su padre, prosiguiendo
la importante actividad comercial exterior, así como constructiva
interior al levantar diversos templos a lo largo del Valle del Nilo,
y
erigiendo el mayor y más significativo monumento que del Antiguo
Egipto nos ha llegado: “La Gran Pirámide”.
Esta edificación levantada en la planicie de Guiza,
marcó el cenit constructivo egipcio. Herodoto nos dice que se tardó
20 años en levantarse y sus dimensiones, 230 mts. de lado por 146
de altura, nos hablan del grado técnico, organizativo y social
que el pueblo egipcio había alcanzado ya para entonces.
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| Pirámides de Jufu, Jafra y
Menkaura en Guiza |
Tras Jufu, su hijo Dyedefra
sube al poder, y por unas razones en las que se ha querido ver algún
tipo de ruptura dinástica, abandonó Guiza e inició su monumento
funerario a 8 km. de su necrópolis, en un lugar ahora conocido
como Abu-Rawash. Pero bien por lo breve de su reinado, y por ello
de su
no conclusión, bien por el expolio al que se vio sometida (principalmente
en época ramesida), la pirámide de Dyedefra
nos ha llegado en peores condiciones y no necesariamente técnicas
de lo que lo fueron las de sus antecesores.
A su muerte, en unos términos absolutamente desconocidos,
algo sucede para que sea su hermano Jafra
y no alguno de sus hijos quien se hiciera con el poder y volver a retomar
Guiza como lugar de enterramiento, pues fué allí dónde
construyó la que es segunda pirámide de la planicie. En
ésta ocasión una pirámide de 215 mts de lado por
143 de altura.
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Triada de Menkaura. JE40679
Museo de El Cairo |
Este rey, se dedicó a levantar numerosos templos
y promover muy especialmente el culto al dios Ra, de tal manera, que
es
durante su gobierno cuando el sacerdocio adquiere una especial relevancia
y el importante poder religioso que con el paso de los años
iba a traer importantes consecuencias políticas.
Curiosamente sus inmediatos sucesores, Hordyedefra y Baefra fueron relegados al olvido, y
si bien les acompaña toda una suerte de carencias documentales
(apenas se les menciona en cierto graffiti del Wadi Hammamat), no sería
desproporcionado afirmar que durante ése intervalo crítico
de gobierno entre los reinados de Jafra
y Menkaura, y dado que éste último
parece devolvió ciertas prerrogativas que el clero había
perdido, éstos quizás pudieron intentar algún
tipo de reforma entre los estamentos religiosos y que por las circunstancias
que fueren resultó fallida.
Tras Menkaura, su también
enigmático sucesor, el rey Shepseskaf,
pudo volver de nuevo a plantear reformas religiosas tendentes a disminuir
el para entonces ya poderoso sacerdocio de Heliópolis en lo
que parecen ya claras disputas con la monarquía. Esa circunstancia,
seguro produjo unos disturbios sociales con los que debió acabar
la dinastía. De hecho, la dinastía pudo finalizar con
el reinado de un prácticamente
desconocido Dyedefptah.
Como consecuencia, o relacionado con éstas circunstancias,
Shepseskaf abandonó el culto solar
que tan férreamente habían mantenido sus antecesores y
con
él, el de su máxima expresión funeraria, la “pirámide”.
Esas razones le obligaron a abandonar de nuevo el área de Guiza
para construirse una importante, aunque sencilla mástaba en
Saqqara en lo que cabría pensar una postura religiosa más
próxima
a la teología menfita que a la entonces influyente, pero rival
heliopolitana.
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