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Para internarse en una civilización como la desarrollada
durante más de 3.000 años en el Antiguo Egipto y no perderse
en lo prolongado de su Historia, resulta imprescindible fundamentar cuanto
se señale en unos términos cronológicos que faciliten
su comprensión. De ahí las habituales divisiones temporales
que ya en la lejana antigüedad quedaron establecidas por Manetón
(sacerdote egipcio del s.III a. C.) y aún hoy aceptadas como
ineludibles. Ahora bien, si ésas divisiones y con más o
menos aceptación, son asumidas por la totalidad de los historiadores
actuales, no así sucede con su datación y ya que éstas
siguen sujetas al criterio individual de muchos de ellos. Así pues,
seleccionar de entre las posibles, una datación cronológica
que nos permita la correcta exposición dinástica que Proyecto
Dinástico pretende y que además cuente con el beneplácito
general, podría resultar una tarea vana de acometer por cuanto
no existe una comúnmente aceptada en los ámbitos egiptológicos
que así nos lo posibilitara.
Serían muchas las razones a exponer por las cuales
ésas dificultades se nos dan aún hoy en día, pero
sin duda una de ellas es debida a la carencia documental existente para
grandes espacios de su historia; unas carencias que imposibilitan la correcta
disposición secuencial de gran parte de sus periodos históricos.
En la búsqueda de ésa datación cronológica,
los historiadores han resuelto tal tarea, además de con los modernos,
aunque dificultosos sistemas de datación, gracias a un conocido
parámetro astronómico que ha permitido, siquiera en parte,
apoyar sus otros fundamentos. Hablamos de la ascensión heliaca
de la estrella Sirio. Un hecho que los antiguos egipcios acostumbraron
a mezclar en una relación indivisible con el comienzo de la crecida
del Nilo y que por tal circunstancia registraron. Así al alba del
19 de Julio (en el año juliano) y en el cielo oriental, los antiguos
egipcios anotaron que la estrella Sirio (spdt) y luego de un
periodo de 70 días de invisibilidad debido a la conjunción
con el sol, volvía a serles visible un poco antes de la puesta
del sol. Esa circunstancia que se les daba durante 4 años seguidos,
era registrada y como quiera que gracias a los cálculos astronómicos
hoy sabemos que ésa circunstancia se les ofrecía cada 1460
años (concretamente cada 1456), se han podido determinadar parte
de sus épocas históricas. Así tenemos que el reinado
de Jakaura-Senusert
(XII dinastía) se debió iniciar hacia el 1870 a. C.,
el de Dyeserkara-Amenhotep (XVIII dinastía) hacia el 1525 a. C. y el de Menjeperra-Thutmose (XVIII dinastía) hacia el 1479
a. C., resolviendo con ello y en parte la datación para los
Imperios Medio y Nuevo y dejando el resto de sus periodos históricos
a la resolución cronológica de perceptibles citas en listas
reales o fragmentos arqueológicos e incluso a sincronismos con
otros reinados del Cercano Oriente.
Sin pretender resolver en el presente trabajo tan tamaña
incógnita, pero siendo sabedores de la necesidad de adoptar una
pauta cronológica asumible que permita la tarea expositiva que
pretende realizar Proyecto Dinástico, se ha tomado en consideración
y únicamente como referencial, la señalada recientemente
por el profesor británico Ian Shaw en su obra “The Oxford
History of Ancient Egypt” (Oxford University Press. 2000). Un trabajo
que siguiendo los fundamentos cronológicos actuales, que no son
sino de los denominados de “cronología corta”, establece
unas fechas que con más o menos aceptación pueden ser asumidas
por todos. Esa será la que aquí se adopte, aunque sin menoscabo
de otras que también pudieran señalarse con el propósito
de exponer unos más amplios referentes informativos.
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